EL MUSEU DE L’ERÒTICA SE ABRE A LAS NO MONOGAMIAS

Donde el deseo tiene historia…
y no siempre es de dos

En plena Rambla, el Museu de l’Eròtica de Barcelona ofrece un recorrido tan curioso como fascinante por el erotismo a lo largo de los siglos. Desde su apertura en 1997, es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad condal. Con más de 800 piezas (pintura, fotografía, escultura e intervenciones artísticas) repartidas en 18 estancias, su propuesta abarca desde el arte paleolítico hasta el mundo contemporáneo, pasando por civilizaciones como la Grecia clásica, Roma, la sensualidad japonesa, los secretos del Kamasutra o los artefactos más insólitos del siglo XIX. Este museo no solo celebra el deseo, sino también su diversidad cultural, simbólica y estética.

Además de la exposición permanente, el museo ofrece cursos y talleres dirigidos a la comunidad educativa, asociaciones, colectivos o incluso parejas y grupos particulares. Cuenta también con un jardín erótico donde se celebran eventos como despedidas de soltero/a, espectáculos de striptease y shibari.

Ginger, museo de la erótica
Ginger, asesora en
relaciones libres y creadora de la sala

La novedad ahora es una pequeña pero provocadora sala dedicada a las no monogamias, con especial foco en el mundo swinger, una propuesta comisariada por la asesora Ginger. A través de paneles informativos, referencias históricas y un vídeo patrocinado por el club barcelonés Uhomo, se muestra con naturalidad cómo se vive una noche en un club liberal: deseo, códigos, respeto, baile, complicidad… y consentimiento. El recorrido refleja cómo el deseo compartido ha tomado formas muy diversas a lo largo del tiempo y en distintas culturas.

Durante la presentación de la sala antes de la apertura al público, Ginger nos habló sobre la existencia histórica de la poliginia (cuando un hombre mantiene relaciones afectivas o sexuales con varias mujeres al mismo tiempo) y la poliandría (cuando una mujer lo hace con varios hombres simultáneamente), subrayando que las formas relacionales no tradicionales han existido mucho antes de que les pusiéramos nombres modernos. La sala apuesta por una mirada histórica, simbólica y cultural de las relaciones múltiples. Si queréis recibir una visita guiada a la sala, poneros en contacto con el Museo para conocer estos días especiales.

Entre las referencias destacadas están la poliginia entre élites griegas y romanas —donde la monogamia era oficial, pero el concubinato reflejaba las desigualdades de la época—; la civilización otomana con sus sultanes y harenes; la tradición mormona del siglo XIX; tribus de Dakota donde hermanas compartían un marido; o la China imperial, donde las concubinas aseguraban herederos y linaje.

También se aborda la poliandria en comunidades del Himalaya, como en el Mahabharata indio (con la figura de Draupadi casada con cinco hermanos); el sistema matrilineal de los Mosuo en China, donde los hijos se crían en el hogar materno sin figura paterna tradicional; los matrimonios entre mujeres del reino africano de Dahomey, que permitían acumular poder y alianzas; y las prácticas inuit, donde el intercambio de parejas ayudaba a mantener la diversidad genética. Todos estos ejemplos muestran que el amor libre o múltiple no es una moda moderna, sino una forma de organización con raíces profundas.

Ginger también exploró la conexión entre feminismo y poliamor, desde Mary Wollstonecraft hasta el movimiento del amor libre del siglo XIX. Las claves: autonomía femenina, cuestionamiento del matrimonio tradicional y relaciones construidas desde la igualdad.

La sala incluye elementos simbólicos como la piña boca abajo piña sw, emblema moderno y discreto del ambiente swinger para identificarse en el mundo “vertical”, y un glosario propio de esta comunidad entre los que destacaremos:

museo de la erótica, Barcelona

 amigo vertical (persona externa al ambiente), unicornio (mujer bisexual que se relaciona con parejas), pareja swinger (que intercambia relaciones sexuales manteniendo su vínculo principal), pareja liberal (pareja o individuo que tiene relaciones sexuales con terceros sin buscar una relación emocional) hotwife (mujer con libertad sexual mientras su pareja es monógama), blizz (mujeres que interactúan mientras los hombres observan), playroom (zona de juegos de los clubes) o intercambio completo. Un vocabulario que podría parecer crudo y caricaturesco en otros contextos, pero que aquí se presenta con claridad y sin morbo innecesario.

También hay un guiño a la historia reciente del movimiento swinger: las míticas “key parties” de los años 70, donde las parejas dejaban sus llaves en un bol y se emparejaban al azar. Se dice que nacieron en los años 40 entre pilotos estadounidenses, aunque su existencia real siempre ha estado entre la realidad y la leyenda. Completan el repaso cultural referencias a la primera película The Love Machine (1971) o el libro Vintage Swinger Erotica, que reflejan la explosión del movimiento swinger en los años 70 y cómo desafió las normas sociales y sexuales de su tiempo.

Gracias al trabajo curatorial de Ginger, esta sala busca poner en valor que el consentimiento, la comunicación y el respeto mutuo son los pilares reales de estas prácticas, más allá de clichés o representaciones distorsionadas por el porno.

Y aunque el espacio es modesto, el gesto es enorme: dar visibilidad a otras formas de amar que han existido siempre —aunque no siempre se hayan contado—, y legitimar la pluralidad de relaciones, placeres e identidades en un museo que sabe abrazar, sin prejuicios, la riqueza del erotismo humano.

Publicado en la revista Nº 1074

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