A mi esposa nunca le atrajo la idea de estar junto a una chica, a pesar de que es una de mis fantasías. Pero por otra parte ella si tenía la fantasía de ser penetrada por dos hombres a la vez. Una noche le sugerí que fuéramos a ver un show de travestís la idea de ver uno y saber que detrás de su  minifalda había una verga de hombre, nos excitaba bastante.
Nos dirigimos a un sector frecuentado por transexuales, con cuerpos que serían la envidia de cualquier mujer de verdad. Unos rostros preciosos y unas tetas espectaculares. Pasamos despacio por el lugar, hasta que vimos a uno que parecía una muñeca, era preciosa y muy sexy. Mi esposa bajó el cristal del coche y le preguntó si quería dar un paseo para charlar un poco. El accedió. Al acercarse me pareció más lindo de lo que parecía de lejos. Una piel perfecta y unos senos enormes que invitaban a tragárselos de un bocado. Fuimos a un bar, tomamos unas copas y después de acordar el precio, nos fuimos a un chalet que tenemos en la sierra.
Al entrar en el chalet, mi esposa se tiró en la cama y sorpresivamente dijo: “Bueno preciosa, déjame ver que es lo que puedes hacer con mi marido”. Ella sonrió, se acercó a mí y me besó, bajó su mano buscando mi pene erecto y mientras metía su lengua buscando mi garganta, sobaba mi pene con maestría.
Yo la tiré sobre la cama, diciéndole: “ahora dale un beso de esos tan ricos a mi mujer, para que pruebe esa boquita deliciosa que tú tienes”.
Mi esposa no pudo evitar acariciar sus muslos y buscar su pene erecto. Luego se apoderó de uno de sus senos, sacó el otro y me lo ofreció a mi, para terminar chupando su rica verga, mientras yo devoraba sus senos maravillosos.
Mi esposa se despojó de su blusa, se tendió en la cama, nuestro amigo se sentó sobre su cara, poniendo su pene en la boca de mi mujer, a la vez buscaba el mío y lo chupaba con una maestría envidiable. Yo relamía el coño de mi esposa hasta tragarme la última gota del jugo delicioso que emanaba por entre sus piernas.
Mi mujer no aguantó más y tuvo un orgasmo que la estremeció por completo, mientras el travestí y yo nos besamos a la vez que cada uno cogía el pene del otro entre sus manos, hasta corrernos casi al unísono. Una vez nos recuperamos, mi mujer decidió que era hora de dar rienda suelta a la fantasía…
Después de jugar entre ellas, tomaron mi pene y a dos bocas lo chuparon hasta que mi erección llegó al máximo posible. Decidí hacer algo que nunca había pensado que haría en mi vida. La excitación me hizo tomar su pene entre mis manos, y para sorpresa y mayor excitación de mi esposa, lo chupé…, entonces comprendí lo que es mamar una polla bien caliente…, me di cuenta del porqué mi esposa disfruta tanto…, ella decidió ayudarme y juntos nos besábamos con la pollita de nuestro amiguito metiéndose en el medio. No era muy grande. Era ideal para lo que vendría.
Mi mujer me acostó en la cama, se sentó sobre mi pene cálido y erecto metiéndoselo hasta lo profundo, luego dio instrucciones al travestí para que le metiera su pollita por su culito caliente. A mi mujer le gusta que se lo meta por detrás así en frío, sin lubricación alguna, ella disfruta mucho con el dolor que produce volviéndose realmente loca.
Cuando tuvo dentro de si los dos anhelados falos, se movió como pudo, como una fiera, gimió, me besó y gritó de placer hasta que en un arranque impetuoso soltó un grito que se debió de escuchar lejos de allí… Mi mujer sacó los dos falos de sus cavidades calientes y nos hizo un ademán para que prosiguiéramos nosotros. Yo con lo caliente que estaba, viré al travestí boca abajo, y sin pedir su consentimiento busqué con mi pene el orificio negro que pedía a gritos ser penetrado… De repente vi que mi mujer recuperada, se había posado bajo su vientre y succionaba su pene hasta que la leche del falo del travestí le lleno su cara. Eso me excitó tanto que no pude evitar correrme enseguida.
Continuamos follando toda la noche. Mi mujer se empeño en que quería ver cómo ella me penetraba, y después de media hora de juegos eróticos entre los tres, me decidí a probarlo, y me puse a cuatro patas para que me penetrara por detrás. Les juro que fue increíble correrme con las chupadas de mi esposa y una verga dura dentro de mí. Sentir su jugos recorrer mis entrañas fue una de las sensaciones más placenteras de mi vida.