los swingers hemos sido pioneros del feminismo,
sin darnos la menor importancia
Mientras el debate público se pierde en laberintos burocráticos y consignas de quita y pon, existe un rincón de la sociedad que lleva décadas practicando la igualdad sin necesidad de manifiestos: el mundo swinger. Lejos del mercadeo sexual que algunos imaginan, la comunidad liberal se erige hoy como el último bastión del consentimiento real y la soberanía del cuerpo. Es hora de reclamar nuestro sitio como pioneros de un feminismo que no grita a entes etéreos, sino que se ejerce, con elegancia y libertad, entre sábanas y complicidades.
De vez en cuando no está de más actuar como si no tuviéramos abuela y otorgarnos un poco de autobombo y reconocimiento. Viene muy bien para el ego.
Aquí donde nos tienes, los swingers hemos sido pioneros del feminismo, sin darnos la menor importancia. No voy a decir que seamos los inventores del “no es no”, pero sí somos los primeros (y únicos durante décadas) que hemos sido capaces de crear espacios públicos en los que esta máxima era y es sagrada; los primeros en generar y en mantener a toda costa relaciones sociales basadas en la equidad y conformadas por parejas igualitarias en las que, tanto hombres como mujeres, son dueños de sí mismos y deciden libremente qué, cómo, cuándo y con quién hacer aquello que más les plazca.
De no haber sido así nuestro pequeño mundo no tendría sentido y se habría convertido en un mero espacio de mercadeo, abuso y explotación sexual.

Por eso me llama poderosamente la atención que desde ciertos sectores que se autoproclaman como el epítome del feminismo nos lluevan eventualmente críticas.
¿Qué sabrán ellas y ellos?, ¿qué capacidad tendrán para entender mínimamente nuestra esencia y nuestro devenir? Es más… ¿son realmente feministas o simplemente una caterva de acémilas manipuladas con discursos baratos, soflamas sencillas y una parafernalia vacía que sólo sirve para intentar dotarse de una identidad que disimule su falta inducida de autoestima y personalidad?
¡Ojo! Ni por lo más remoto pretendo echar pestes del feminismo. El feminismo ha sido y sigue siendo esencial para llegar a una igualdad plena que, a poco que se observe, aún no se ha alcanzado.
Lo que planteo es si esto que nos venden mayoritariamente como feminismo lo es realmente o si, de serlo, es la manera más eficiente de pensar y actuar.
Nosotros, los swingers, que sabemos algo del tema porque, como ya he dicho antes, hemos sido y estamos siendo capaces de construir espacios y relaciones de igualdad, somos, quizás, algunas de las personas más indicadas para analizar esta cuestión.
Desde esta perspectiva, no puedo evitar reflexionar y ver que todo el impulso feminista de hace unos años, lícito y necesario, se ha ido canalizando hacia expresiones baldías que no abordan la raíz del problema, desvían las energías hacia luchas insulsas y, por tanto, no están generando ningún tipo de cambio ni mejora significativa.
Me explico: de repente, no sabemos muy bien cómo, y casi sin darnos cuenta, todo se ha afincado en el esperpento. Por ejemplo, desde hace unos años se ha institucionalizado el día de protesta, el 8 de marzo; en esa jornada salimos todas y todos a plantarle cara al patriarcado, pero… ¿dónde esta la sede del patriarcado?, ¿quién está en ese patriarcado que vaya a escuchar nuestra protesta, se vaya a incomodar o concienciar y vaya a afrontar reformas?
Para más inri, al frente de la manifestación se plantan los políticos y ministros que deberían estar legislando para mejorar la situación, es decir, que encabezan y promueven la protesta quienes verdaderamente deberían ser el objetivo de la misma, haciéndonos gritar a un ente etéreo que ni oye, ni habla, ni tiene capacidad alguna de acción.

convocada por la Comisión 8M Movimiento feminista de Madrid
Soliticagb, CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons
Viene a ser lo mismo que si nos manifestáramos, con Yolanda Díaz a la cabeza, gritándole a Dios que mejore la legislación laboral, porque es evidente que fue él quien dijo que tendríamos que ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. Lo pone claramente en La Biblia. Ridículo, ¿no? Pues en esas estamos.
Paralelamente ponen el foco en la brecha salarial, como si efectivamente las mujeres cobraran menos por el mismo trabajo, cosa que está prohibida por ley y que, de ocurrir, es fácilmente denunciable. ¿Para qué? Para encubrir el verdadero problema: son las mujeres las abocadas a acceder mayoritariamente a los empleos más precarios y, por tanto, peor pagados (limpiadoras, auxiliares de enfermería, kelly’s, asistentas de hogar, cuidado de ancianos y enfermos, hostelería y restauración…).
Pero claro, prescindir de mano de obra barata es algo que le duele al sistema, así que mejor darle al asunto una pátina de feminismo barato e ineficaz y que la gente, puesta a protestar, que proteste por lo que no es, no vaya a ser que pidan subidas salariales o que quieran que se implanten medidas efectivas de conciliación que afecten y beneficien a mujeres y a hombres por igual.

También nos inundan con datos sobre violencia, machismo y desigualdad para que lleguemos más concienciados al 8M, pero no se gastan ni un clavel en políticas educativas eficaces que arreglarían o paliarían significativamente el problema a medio y largo plazo; no vaya a ser que creemos conciencia en las y los chiquillos, y acaben teniendo pensamiento crítico y cierta idea de lo que debería ser vivir en sociedad; es mucho más necesario que salgan de la escuela recitando al dedillo la fórmula de las ecuaciones de segundo grado o sabiendo subrayar un complemento circunstancial de modo sin la menor de las dudas. O lo que es peor, no vaya a ser que a la larga se arregle el problema y el sistema tenga que ponerse a desvirtuar otra causa para desviar atenciones, rabias e impulsos.
¡Pero ojo de nuevo! Todos los swingers ya sabemos que esto que expongo no es cuestión de ideologías. A todos, de izquierda y derecha, nos interesa lo mismo: vivir, vivir bien, ser felices y ver a nuestros prójimos felices, tener una educación en condiciones, una sanidad de calidad, un buen hogar, ropa y comida dignas y pasta para nuestro pequeños caprichos y vicios.
Puede que difiramos en la manera de llegar a ello, pero, en todo caso, ninguno queremos que nos mareen la perdiz para manipularnos o direccionarnos malamente.

Todos, gracias en parte a nuestras experiencias en el mundo swinger, sabemos lo que es vivir en igualdad y libertad, y sabemos lo que cuesta hacerlo a veces, tanto que casi siempre es mejor llevarlo con discreción para que no nos vuelvan locos.
Todos, unos consciente y otros inconscientemente, hemos experimentado en nuestras carnes la certeza de que el buen sexo libera, expande cuerpo y, sobre todo, mente, aporta nuevas perspectivas e incalculables puntos de vista que nos permiten ver el mundo con otros ojos.
Por eso nosotros, como colectivo, que fuimos pioneros en el auténtico feminismo y somos en nuestros espacios sus celosos guardianes, debemos, sin el menor de los sonrojos, darnos una palmadita en la espalda y reconocer de vez en cuando nuestra excelencia, nuestra valentía, nuestro aporte y nuestra coherencia.
Al tiempo, nunca está de más que pongamos en foco en los que desvirtúan las necesidades y, por supuesto, en la parte del pueblo que se deja desvirtuar y que, por necedad o inexperiencia, adopta rápidamente cualquier discurso o relato que apele a su emocionalidad.
Al final, por una mera cuestión de pragmatismo y salubridad mental, es hora de dar la espalda a los guardianes de la moralidad moderna, quienes intentan manipularnos y darnos lecciones.
De paso, a pesar de que unas y otros se pongan muy estupendas y estupendos, o de que escupan todo tipo de absurdeces dogmáticas, irreflexivas y excluyentes, no va a sobrar que les recordemos una simple cuestión: “la elegancia, queridas y queridos míos, se demuestra andando”, no haciendo pamemas sentimentaloides que requieren poco compromiso, ni graznando desaforadamente a entes etéreos.
Publicado en la revista Nº 1076