Arola PochUna pregunta frecuente que me hacen es: ¿por qué abriste un blog de sexo? Yo acabo contestando más el cómo que el por qué. Porque uno remite al otro, el otro al uno y me parece más interesante hablar de formas que de motivos.

Abrí un blog de sexo, éste que estás leyendo para ser exactos, en julio de 2013. Quería aportar una visión positiva y normalizada de este tema. Positiva porque cuántas veces se nos vende el sexo como un problema, como un ten cuidado con esto, protégete de lo otro, vigila tu “virtud”. Normalizada porque, en general, nos sigue costando hablar de sexo.

El sexo crea vida, el sexo nos carga de energía positiva, el sexo es salud, el sexo nos da una buena imagen de nosotros mismos, el sexo mejora la comunicación y la complicidad con nuestra pareja o parejas, el sexo es felicidad. Aporta éstas y otras muchas cosas. Pero muchas veces, en lugar de ver el sexo como algo altamente positivo, se destaca lo negativo. Está muy bien que nos prevengan de los riesgos que tiene (enfermedades de trasmisión sexual, sin ir más lejos) pero la educación sexual no debería ser sólo eso.

La educación sexual debería ahondar también en la diversidad, en salir del coitocentrismo y del androcentrismo, en el respeto, en la aceptación, en la exploración. Todo con vistas a mejorar la calidad de vida porque el sexo nos aporta felicidad y, más importante aún, configura nuestra identidad. Una sexualidad capada no es sólo que no sume, es que resta.

Abrir la mente a conocer nos libera y nos hace desprendernos de nuestros corsés (y mira que me gusta esta prenda, pero en mi cuerpo, no en mi mente). Dijo Goethe, “con el conocimiento se acrecientan las dudas”. Dudas que nos ayuden a plantearnos las cosas, también en la sexualidad. Que nos animen a descubrirnos a nosotros mismos, a no quedarnos en aquello que es lo normativo, lo estándar. Resulta que descubres (o aceptas, porque muchas veces es algo que está ahí pero no nos hemos atrevido a explorarlo) que te excita usar ropa interior femenina, “hacerlo” con estatuas o que los ombligos y las narices son zonas supereróticas (no solo de culos, tetas y genitales vive el hombre y la mujer), pues… ¡disfrútalo! Y bienvenido al club de los que hemos dado un paso más hacia nuestro bienestar. Tener ese algo ahí y no permitir que salga puede ser peor porque, entonces sí, es cuando puede convertirse en una obsesión.

Huyo despavorida de la palabra patología en lo referente a lo sexual. Tampoco me gusta la palabra parafilia y como psicóloga me la encuentro a menudo. Aunque realmente parafilia no equivale a patología, la palabra hace referencia a lo que está al margen (para-) del amor (-filia). Siempre me ha parecido que seguir todos una misma línea es lo realmente insano. Abrazo con entusiasmo que lo mejor es disfrutar sin hacer daño a nadie, ni tan siguiera a uno mismo. A partir de ahí, adelante.

Me encanta hablar de sexo, me apasiona descubrir nuevas sexualidades, me siento muy agradecida cuando alguien me confía qué le excita y cómo. El sexo forma parte de nuestra esfera privada, claro está, no pretendo que estemos hablando de sexo todo el día (… ¿y por qué no?). Simplemente aceptarlo como una parte importante más de nuestra identidad y vivirlo cada uno como quiera sin prejuicios y sin autocensuras. Es decir, si lo tuyo es el misionero, genial, pero que no sea porque te has cortado de probar otra cosa que te apetecía.

Éste es el cómo que me motiva, así intento transmitirlo. Por todo esto abrí un blog, en ello sigo y seguiré. Mientras el cuerpo aguante y vosotros estéis ahí.

 

Arola Poch

Fuente: https://arolapoch.com/2016/03/25/por-que-hablo-de-sexo/

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