Claves sobre la bisexualidad y el deseo
Hay personas bisexuales que se pasan media vida explicando que existen. No porque su deseo sea especialmente complejo, sino porque vivimos en una cultura que se empeña en hacerlo binario: o heterosexual o gay; o una cosa o la otra; o una etapa o una identidad «de verdad».
La bisexualidad suele quedar atrapada entre dos sospechas:
- En espacios heterosexuales: Puede leerse como una amenaza a la norma, una desviación, una confesión a medias o algo que hay que esconder o minimizar.
- En espacios gais y lésbicos: Aparece la duda constante de «ya elegirá», «en realidad es gay», «en realidad es hetero», «es confuso» o «seguro que engañará».
Así, a muchas personas bisexuales se les exige demonstrar su identidad una y otra vez, como si el deseo tuviera que presentar documentos para ser reconocido.
La invisibilidad bisexual no significa que no haya personas bisexuales. Significa que, cuando aparecen, se las traduce enseguida a un lenguaje que otras personas entienden mejor. Si un hombre bisexual tiene pareja con una mujer, se le presupose heterosexual; si la tiene con un hombre, se le presupose gay.
Pero la relación actual no borra la orientación: estar con una persona concreta no resume todo el mapa del deseo.
"No soy más o menos bi según con quién esté."
la trampa de «elegir»
Una de las violencias más frecuentes contra la bisexualidad es la obligación de elegir:
- Elegir una etiqueta definitiva.
- Elegir un lado o una comunidad.
- Elegir una forma única de desear y de vincularse.
Como si sentir atracción, deseo, amor o curiosidad hacia personas de más de un género fuera necesariamente indecisión. Pero no toda complejidad es confusión. A veces la confusión no está dentro de la persona bisexual, sino en la mirada ajena, que necesita categorías cerradas para sentirse tranquila.
"Más de una dirección. La misma identidad."
Existe la idea de que la bisexualidad debe expresarse con una distribución exacta: el mismo deseo por hombres y mujeres, la misma frecuencia, la misma intensidad o el mismo tipo de vínculo. Esa expectativa convierte la identidad en una contabilidad absurda.
El deseo no es un reparto matemático:
- Puede cambiar según la etapa vital, el contexto, las experiencias, el cuerpo, las personas o el momento emocional.
- No hace falta haber tenido relaciones con todos los géneros que te atraen para saber cómo te nombras.
- No exige demostrar una neutralidad perfecta en tus preferencias.
Una persona bisexual puede sentir más deseo por un género durante un tiempo, enamorarse de una persona concreta, tener una pareja monógama o explorar vínculos no monógamos. Nada de eso invalida su bisexualidad.
El deseo no entiende de orientaciones… pero necesitamos palabras
Decir que el deseo no entiende de orientaciones sexuales no significa negar que existan o que las identidades no importen. Importan porque nos dan lenguaje, comunidad, historia y a veces refugio. Nombrarse bisexual puede ser profundamente reparador para quien ha pasado años intentando encajar en una categoría que le quedaba pequeña.
Lo que no entiende el deseo sexual es de fronteras tan rígidas como las que le imponemos:
- A veces nos atrae un cuerpo.
- Otras veces, una forma de hablar, una presencia, una energía, una mirada, un tipo de ternura, una fantasía o un modo de ser deseado.
Reducirlo todo al género de la otra persona puede empobrecer la experiencia.
"No soy más o menos bi según con quién esté."
Desde una mirada de sexualidad consciente, la pregunta no sería “¿qué etiqueta tengo que defender ante los demás?”, sino:
- ¿Qué siento?
- ¿Qué deseo?
- ¿Qué me hace bien?
- ¿Desde dónde me vinculo?
Eso no obliga a abandonar las etiquetas: permite habitarlas con menos miedo y menos examen interno. La orientación puede ser una brújula; no tiene por qué convertirse en una cárcel.
"Mi pareja no define mi orientación."
La bisexualidad también vive bajo presión
Las personas bisexuales no solo lidian con la invisibilidad; muchas veces cargan con el miedo a no ser suficientemente algo:
- No suficientemente gais para ciertos espacios LGTBIQ+.
- No suficientemente heterosexuales para otros.
- No suficientemente creíbles para sus parejas, sus amistades o sus familias.
Esa presión se traduce en autocensura, en la necesidad de demostrar masculinidad o heterosexualidad en determinados entornos, o en una vigilancia constante de la propia conducta.
"No es confusión. Es una orientación."
Salir del interrogatorio
No le debemos a nadie una explicación exhaustiva de nuestro deseo. No hay que justificar la identidad por el historial sexual, la pareja actual, la forma de vestir, los roles en la cama o la aparente coherencia de una biografía.
Tampoco es necesario saberlo todo de una vez. Algunas personas se nombran bisexuales desde muy jóvenes; otras encuentran esa palabra después de años; otras usan etiquetas distintas o prefieren no fijarse en ninguna. Lo importante no es cumplir una definición policial, sino encontrar un lenguaje que permita vivir con más verdad y menos violencia interna.
En Sex Journal Marika propongo observar la sexualidad no solo desde lo que hacemos, sino desde el contexto, las emociones, el cuerpo y la autenticidad. La bisexualidad no debería quedar escondida detrás de una vida sexual aparentemente «neutra»; merece ocupar espacio en el mapa personal del deseo.
SEX JOURNAL MARIKA:
Bitácora sensorial
Javier Sotomayor Cortés
Una invitación a explorar el cuerpo, el deseo y la propia historia sexual desde una mirada íntima y consciente.
Especialmente cercana a hombres gais y bisexuales, pero interesante para cualquiera que quiera comprender mejor cómo vive su sexualidad.
Conclusión y Reflexión Final
La bisexualidad no es una fase que haya que superar ni una ambigüedad que haya que corregir. Es una realidad sexual, afectiva y política que merece ser reconocida sin sospecha.
Y el deseo, aunque usemos palabras para orientarnos, no siempre sigue el camino recto que otras personas esperan. A veces se mueve, cambia, se contradice o nos sorprende. Quizá la libertad no consista en obligarlo a elegir un único lugar, sino en aprender a escucharlo con presencia, cuidado y honestidad.
¿Y tú, qué opinas?
¿Te has sentido identificado o identificada con alguna de estas situaciones en torno al deseo o las etiquetas? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte este artículo en tus redes sociales para apoyar la visibilidad bisexual!
Publicado originalmente en la edición de septiembre de 2026 de Gente Libre – Nº 1078
