menos discoteca, más experiencia
Una nueva etapa para el club: entre el ambiente liberal, la ética swinger y una mirada más cercana al universo BDSM

openbarcelona.com
619792869
Carrer de València, 103, Eixample, 08011 Barcelona
Entrada discreta por Parking de Bingo «En racha» (antiguo Bingo don Pelayo), en Carrer Compte d’Urgell 154.
Muchos clubes liberales funcionan como una extensión de la noche: música alta, pista de baile, copas y un ambiente donde a veces cuesta distinguir entre socializar, exhibirse o simplemente dejarse llevar por el entorno. Open Barcelona, uno de los clubes clásicos de la ciudad, está intentando cambiar ese enfoque en su nueva etapa.
Con una nueva dirección y una filosofía más centrada en el juego, la comodidad y la convivencia entre distintos perfiles del mundo liberal, el club quiere recuperar espacio apostando por algo menos ruidoso y más directo: zonas diferenciadas, horarios amplios, ambiente relajado y una integración progresiva de elementos BDSM desde un lugar accesible y respetuoso.
Hablamos con Joshua, encargado actual del espacio y persona responsable de esta nueva etapa
Para quien conocía el antiguo Open, ¿qué está cambiando en esta nueva etapa?
—Está cambiando la línea de trabajo y el tipo de público al que queremos llegar. Buscamos más parejas y gente del mundo swinger, pero también recuperar parte de la clientela que ya conocía el club antes. El antiguo dueño quería jubilarse y el espacio se había dejado bastante de lado. Ahora estamos intentando actualizarlo y atraer también a un público más joven.
Joshua define Open como “un club clásico, pero moderno al mismo tiempo”. Y esa idea resume bastante bien el nuevo enfoque: mantener la esencia liberal del local, pero alejándose del formato de discoteca swinger.
Habéis eliminado la pequeña pista de baile y apostado por un espacio más orientado al juego. ¿Qué buscáis crear ahora?
—Queremos un espacio de juego directo, donde la gente no tenga que pasar por un postureo previo para disfrutar. Hay personas que vienen a socializar y otras que vienen directamente a jugar, y queremos que ambas cosas puedan convivir.
El club mantiene dos plantas diferenciadas: una zona mixta y otra reservada exclusivamente para parejas y mujeres.
—La parte de arriba es exclusiva para parejas. Allí tienen su propio vestuario, zonas privadas y un cuarto oscuro solo para ellos. Luego hay una parte mixta donde pueden convivir chicos, chicas y parejas, pero siempre manteniendo espacios diferenciados y cómodos para todos.
También existe una habitación privada completamente cerrada para quienes buscan más intimidad.
Tú vienes además del mundo BDSM. ¿Cómo influye eso en esta nueva visión del club?
La antigua pista de baile la hemos reconvertido en una pequeña mazmorra y queremos seguir desarrollándola. La idea es que pueda servir tanto para juego libre como para eventos privados y fiestas kinky más pequeñas.
Lejos de convertir el club en un espacio extremo, Joshua insiste en que la intención es acercar el BDSM de una forma natural y accesible a personas del ambiente liberal que sienten curiosidad, pero quizá no saben por dónde empezar.
—Mucha gente tiene curiosidad por el BDSM, pero también le intimida. Aquí queremos explicarlo bien, acompañar y enseñar ciertas prácticas de forma muy suave. Sobre todo explicando los códigos y la ética que hay detrás.
Ahí aparece una palabra que atraviesa toda la conversación: consentimiento.
—En el BDSM siempre hemos hablado del SSC. Ahora en otros espacios se habla mucho de consentimiento explícito, verbal y todo eso, pero al final es lo mismo con otras palabras.
SCC= Seguro, Sensato, Consensuado
El acrónimo original: Safe, Sane & Consensual, suele explicarse desde tres ideas complementarias:
Safe, lo seguro, el minimizar riesgos y cuidar los límites físicos, higiene; Sane, actuar desde el juicio, la conciencia y la responsabilidad; y Consensual, mantener un consentimiento claro, libre, informado y reversible.
En el mundo liberal, esa misma base se traduce en algo muy concreto: nadie toca sin permiso, nadie insiste ante un no y nadie debe sentirse obligado a participar
Open seguirá admitiendo hombres solos, algo que muchos clubes limitan bastante. ¿Cómo vais a gestionar esa convivencia?
—Las parejas siempre van a tener su espacio exclusivo. Eso es importante. Nunca habrá movimiento libre de chicos por todo el club. Siempre habrá zonas diferenciadas.
Joshua insiste en que uno de los problemas de muchos espacios liberales es que se da por hecho que la gente ya sabe cómo comportarse.
—La gente llega muy perdida. Hay muchísima información en internet, pero muy poca explicación real sobre la ética swinger. A veces entras en un club, te cobran, te dan una llave y ya te apañarás. Y así no funciona.
Para él, un club liberal debería ser ante todo un espacio seguro.
—No solo cuenta el espacio físico. Cuentan mucho las personas que llevan el club. La gente necesita sentirse cómoda y segura para relajarse.




¿Crees que el mundo liberal ha cambiado respecto a hace unos años?
—Muchísimo. La gente busca información y busca entender mejor cómo funciona este mundo. Antes ciertas normas estaban mucho más claras y ahora se han perdido un poco.
Joshua habla varias veces de la “ética swinger” y de cómo muchos espacios ya no la explican bien.
—El “no es no” sigue siendo básico. Nadie puede tocar a otra persona sin consentimiento. Y parece una obviedad, pero todavía hace falta repetirlo.
También cree que las generaciones jóvenes llegan con menos prejuicios, aunque a veces con mucho desconocimiento.
—Hay chicos jóvenes que vienen aquí con más miedo que muchas parejas. Y cuando se sienten cómodos y seguros, entonces pueden disfrutar del espacio con naturalidad.
Open también ha ampliado horarios y actividades de día. ¿Qué diferencia hay entre el ambiente diurno y el nocturno?
—De día viene más gente a socializar tranquilamente o directamente a jugar sin necesidad de fiesta alrededor. El ambiente nocturno es más gamberro, más joven y más social.
El club abre desde las once de la mañana y plantea también el espacio como alternativa a hoteles o encuentros rápidos.
—Aquí puedes estar todo el día, entrar y salir, tener privacidad y usar el espacio con tranquilidad. Mucha gente joven lo está usando así.
Además, el local cuenta con dos accesos distintos, uno de ellos más discreto desde un parking privado.
—Hay personas que valoran mucho la privacidad y poder entrar sin sentirse observadas.
También habéis hablado mucho de presión sexual y libertad. ¿Crees que aún existe la idea equivocada de que entrar en un club liberal obliga a participar?
—Sí, totalmente. Y eso es algo que queremos romper. Nadie está obligado a hacer nada. Puedes estar en un club swinger, en una fiesta kinky o incluso en una orgía y no participar si no quieres.
Joshua defiende que precisamente estos espacios nacieron para lo contrario: para permitir libertad de decisión.
—Si un espacio obliga o presiona, deja de ser un espacio liberal. Aquí lo importante es poder escoger.
¿Cómo imaginas Open Barcelona dentro de un año?
—Me gustaría que siguiera siendo un referente en Barcelona, pero sobre todo que la gente conozca esta nueva forma de llevar el club. Más centrada en la seguridad, en la ética y en que las personas se sientan cómodas.
Y vuelve a una idea que atraviesa toda la conversación:
—El mejor piropo que te pueden decir en un club swinger es: “me siento como en casa”.
Publicado en la revista Nº 1077