Amar sin imponer un modelo

Entrevista a Lidia Manot (Open Mandarina)

entrevistamos a Lídia Manot (open mandarina)

Hablar de relaciones no monógamas despierta preguntas y miedos. Entre el mundo swinger, las relaciones abiertas, el poliamor o la anarquía relacional existen matices distintos, pero también un punto común: revisar cómo amamos, cómo comunicamos y qué acuerdos sostienen nuestros vínculos.

Lídia Manot, autora de Amar más allá de la monogamia y creadora de Open Mandarina, lleva años acompañando a personas y parejas. Su mirada no busca convencer ni vender la no monogamia como respuesta universal: insiste en que cada persona necesita encontrar su propia definición del amor.

Entrevista a Lidia Manot (Open Mandarina)

Mucha gente te conoce por Amar más allá de la monogamia y por Open Mandarina. ¿Cómo explicarías hoy tu trabajo?

Yo me definiría como coach, escritora y creadora del proyecto Open Mandarina. Al final es un espacio donde las personas pueden cuestionarse cómo quieren relacionarse, cómo se sienten cómodas y qué necesitan.

Tiene una mirada desde una perspectiva no monógama y poliamorosa, pero dentro de la comunidad hay personas de todos los modelos. Ahí entran los acuerdos, la gestión emocional, los talleres, los retiros, los programas de acompañamiento… Lo que hago es crear comunidad para personas que desean relaciones más sanas, libres y transparentes.

Hablas de ayudar a cada persona a encontrar “su definición del amor”. ¿Por qué es importante no vender un modelo como la respuesta correcta?

Porque cuando empecé a hablar de poliamor, muchas personas no se reconocían en esa etiqueta. En realidad, yo hablaba más de no monogamia ética, que incluye muchos tipos de acuerdos dentro de las relaciones abiertas.

Con el tiempo veo que poliamor y monogamia son polaridades, y que casi nadie encaja al cien por cien en una u otra. Entonces se convierte en un gradiente que podemos explorar. La pregunta no sería tanto “qué soy”, sino en qué punto me encuentro para tener una relación más acorde a quien soy.

«A veces la crisis no viene por abrir.

Viene por vivir en un modelo que ya no te pertenece.»

¿Qué suele traer a una persona o a una pareja a un acompañamiento contigo?

Hay personas que sienten que han vivido las relaciones de una manera que no les pertenecía. A veces vienen después de una relación larga, un divorcio o una ruptura, y se preguntan: “¿Ahora voy a volver a empezar con otra persona en el mismo formato?”.

También llegan parejas o personas que están conectando con alguien nuevo. Puede ser alguien que quiere abrir acuerdos porque ya no cree en relacionarse de forma monógama, o alguien que recibe esa propuesta y no sabe si va a poder.

Se repite mucho eso de “no abras la relación si estás en crisis”, y estoy de acuerdo, pero a veces la crisis viene porque estás en un modelo que no te pertenece. Al abrir, puede aparecer una reconexión, porque algo que una persona no podía expresar por fin tiene un lugar. Puede ser, por fin,  un momento de reencuentro y de reconocerse.

Muchas personas piensan que abrir una relación es hablar de sexo, pero aparecen temas más profundos. ¿Qué se remueve realmente?

Pensar que abrir una relación es solo tener sexo con otras personas es una visión reduccionista. Puede haber parejas que sientan eso, claro, pero muchas personas que exploramos la no monogamia ansiamos algo más profundo: sentir que podemos vivir la vida tal como queremos experimentarla.

Querer a una persona y construir un universo con ella no debería implicar renunciar a partes de ti. A veces pensamos: “Lo que me falta es tener sexo con otras personas”, pero no siempre se trata de eso. Lo que aparece es cómo ser más auténticas, cómo comunicarnos mejor y qué estoy necesitando.

En el mundo liberal y swinger muchas parejas separan lo sexual de lo afectivo. ¿Qué puentes y diferencias ves con el poliamor?

Yo estuve en el mundo swinger, y no digo que no vuelva de vez en cuando. Siento que son espacios de interacción sexual donde muchas parejas mantienen su estructura principal: “mi pareja es esta”, y desde ahí exploran sexualmente con otras personas. Hay normas que permiten separar lo afectivo de lo sexual.

El poliamor aparece cuando alguien dice: “Con esta persona con la que llevo acostándome un tiempo siento cosas”. Entonces puede pesar una estructura demasiado rígida, porque quizá te irías de vacaciones con esa persona, dormirías con ella o la incluirías más en tu vida. Ahí empezamos a cruzar una línea que da miedo, pero que puede ser tan sencilla como aceptar que también tenemos sentimientos.

De ahí pasaríamos a tener vínculos teniendo una pareja más principal o frecuente o si vamos a la anarquía relacional es deconstruir etiquetas y pensar en una red de amor horizontal sin jerarquías. Una red de apoyo, una tribu, comunidad…

Entrevista a Lidia Manot (Open Mandarina)

Los celos siguen siendo uno de los grandes miedos. ¿Cómo se pueden trabajar sin convertirlos en normas impuestas?

Lo primero es no tener miedo a la incomodidad. Si queremos vivir de forma más auténtica, eso implica traer verdades que pueden remover. Para trabajarlo, me gusta hablar de tres zonas: blanca, gris y negra.

La zona blanca son cosas que sabemos que no nos remueven o incluso nos divierten. La zona gris son cosas que no sabemos cómo nos van a afectar, pero estamos abiertas a probar. Ahí es importante pactar cómo nos vamos a acompañar: “estoy a gusto”, “estoy nerviosa, pero puedo seguir”, o “necesito parar” o quizás con algún gesto. Qué y cómo comunicar a esa tercera persona que necesitamos separarnos un momento… La zona negra son cosas que, aquí y ahora, decidimos no vivir. Es una forma de fidelidad. Si pactamos algo y alguien se lo salta, puede vivirse como una traición. De la experiencia normalmente se van encontrando que las creencias, películas y pesadillas se van reparando y encontrando zonas de seguridad. 

A veces los acuerdos se entienden como una lista de prohibiciones. ¿Cómo distinguir un acuerdo sano de una regla nacida del miedo?

Para mí la clave está en si hablamos desde la prohibición o desde la vulnerabilidad. No es lo mismo decir “te prohíbo que le des el teléfono a alguien” que decir: “Esto me remueve profundamente, creo que no estoy lista y te pediría que, de momento, no lo hagamos”. Y lo dejamos en la zona negra revisable.

Cuando nos sentamos a hacer acuerdos desde el corazón, no se trata de imponer, sino de mostrar nuestra vulnerabilidad. No se trata de prohibir, sino de cuidar la relación y ayudarnos a atravesar incomodidades.

Además de cursos y acompañamientos, has creado comunidad, encuentros y retiros. ¿Por qué son importantes esos espacios?

Mis espacios son de autoconocimiento. Tienen una energía muy diferente a un club swinger. A mí los clubs swingers me ayudaron mucho: me sentí libre, me sentí cómoda paseándome en lencería, descubrí muchas cosas.

Pero también entré bastante joven y no tenía mucha idea de cómo poner límites. No nos enseñan a poner límites. Por eso, en mis espacios, cuando abrimos contacto físico, es desde una mirada muy lenta, de mucha escucha. Hay personas que necesitan espacios más lentos para aprender qué les sucede con los límites.

«Un acuerdo sano no nace de la prohibición,

nace de la vulnerabilidad, la escucha y el cuidado.»

Entrevista a Lidia Manot (Open Mandarina)
Como coach y divulgadora, ¿qué puede aportar un acompañamiento relacional serio?

Yo no prometo nada. Puedo intentar llevarte a la claridad, ayudarte a ver qué está pasando, pero no prometer resultados. Me formé como coach del método The Work de Byron Katie, que sirve para cuestionar creencias limitantes y me ayuda a trabajar con los celos.

Para mí un coach trabaja más con un objetivo concreto. En cambio, un proceso de terapia o psicología entra más en profundidad. Si quieres entender cómo hacer acuerdos con tu pareja, quizá un coach, una formación o un taller te pueden ayudar. Si quieres revisar una herida de abandono o de traición, yo iría a un terapeuta o psicólogo.

Ahora que Open Mandarina cuenta también con un espacio propio, ¿hacia dónde te gustaría llevar el proyecto?

Me abre una puerta a hacer más eventos presenciales. He estado muy en lo online, aunque hacía algunas cosas presenciales, pero este espacio me permite explorar talleres, grupos y actividades para procesos personales en grupo.

«Abrir una relación no es solo hablar de intimidad.

También remueve autenticidad, comunicación y necesidades más profundas.»

¿Qué le dirías a alguien que está explorando estos modelos y siente miedo, culpa o contradicción?

—Que tenga mucha autocompasión. Hay mucha guerra dentro de nosotras: una parte cree en el amor libre, entiende que no somos nadie para prohibir a nuestra pareja y quiere vivir las relaciones de otra manera; pero también hay otra parte vulnerable, que viene con heridas, mochilas y miedos del pasado.

No siempre vas a responder desde tu parte más libre o más consciente. A veces se activa una parte herida que no sabe cómo moverse en algo así. Por eso animaría a buscar recursos y a hacerlo de una forma más acompañada. Se puede vivir esta evolución de una manera mucho más bonita.

Muchas personas abren una relación de cualquier manera, con acuerdos poco claros y sin acompañamiento, se desbordan emocionalmente y luego concluyen que “las relaciones abiertas no funcionan”. Pero eso es muy reduccionista. A veces lo que falló no fue el modelo, sino la forma de transitarlo.

La conversación con Lídia Manot deja una idea clara: abrir una relación no es simplemente cambiar unas normas por otras. Es aprender a mirar lo que aparece debajo: miedo, deseo, límites, autoestima, heridas, acuerdos y formas de cuidado.

No se trata de elegir entre monogamia o poliamor como bandos opuestos, sino de preguntarse qué amor y qué vínculo puede sostener cada persona en este momento de su vida.


Publicado en la revista Nº 1077

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